
En este espacio, la calidez de un abeto carmesí contrasta con la frialdad del cristal, mientras las sombras juegan en el suelo de ajedrez. La ironía de la opulencia se revela: la belleza, como la nieve, es efímera y engañosa.
En este espacio, la calidez de un abeto carmesí contrasta con la frialdad del cristal, mientras las sombras juegan en el suelo de ajedrez. La ironía de la opulencia se revela: la belleza, como la nieve, es efímera y engañosa.