
En este refugio de terciopelo y oro desgastado, cada rincón murmura secretos de opulencia. Las flores marchitas son el eco de la vida efímera; tal vez, la verdadera elegancia resida en lo que se desvanece, como el susurro de una promesa nunca cumplida.
En este refugio de terciopelo y oro desgastado, cada rincón murmura secretos de opulencia. Las flores marchitas son el eco de la vida efímera; tal vez, la verdadera elegancia resida en lo que se desvanece, como el susurro de una promesa nunca cumplida.