
En esta cocina, los azulejos oscuros murmuran secretos de banquetes pasados, mientras que el mármol blanco refleja la luz con una ironía encantadora: el arte de cocinar es, al fin y al cabo, un acto de amor que se enfría en la frialdad del tiempo.
En esta cocina, los azulejos oscuros murmuran secretos de banquetes pasados, mientras que el mármol blanco refleja la luz con una ironía encantadora: el arte de cocinar es, al fin y al cabo, un acto de amor que se enfría en la frialdad del tiempo.