
En un mundo donde los muros son susurros, los muebles suspenden la gravedad de lo cotidiano. La luz se filtra a través de ventanas como recuerdos perdidos, mientras un comedor reconfigurable danza con el viento, evocando las ciudades invisibles que nunca fueron.
En un mundo donde los muros son susurros, los muebles suspenden la gravedad de lo cotidiano. La luz se filtra a través de ventanas como recuerdos perdidos, mientras un comedor reconfigurable danza con el viento, evocando las ciudades invisibles que nunca fueron.