
En este santuario de terciopelo y madera, donde las sombras susurran secretos, cada rincón es un poema trágico. La luz se desliza como un amante furtivo, mientras el espejo, con su dorado esplendor, refleja la tristeza de lo que nunca fue. ¿Quién necesita la felicidad, cuando la melancolía es un arte?
En este santuario de terciopelo y madera, donde las sombras susurran secretos, cada rincón es un poema trágico. La luz se desliza como un amante furtivo, mientras el espejo, con su dorado esplendor, refleja la tristeza de lo que nunca fue. ¿Quién necesita la felicidad, cuando la melancolía es un arte?