
En un rincón del tiempo, las paredes susurran secretos de mármol y luz. Las ventanas, como ojos de un laberinto invisible, reflejan sueños fragmentados. Cada mueble, un eco de lo que fue, se reconfigura en un ballet de formas, donde lo que no se ve es tan real como lo que se toca.
En un rincón del tiempo, las paredes susurran secretos de mármol y luz. Las ventanas, como ojos de un laberinto invisible, reflejan sueños fragmentados. Cada mueble, un eco de lo que fue, se reconfigura en un ballet de formas, donde lo que no se ve es tan real como lo que se toca.